Influye globalización en cómo nos alimentamos:especialistas

18 / 10 / 2026
México ocupó el primer lugar de consumo de ultraprocesados en América Latina, indicó Ana Laura González Alejo
Esa región genera comestibles para 14 por ciento de los habitantes del orbe, explicó Benjamín Ajuria Muñoz
Ante Gerardo Torres Salcido, David Sébastien Monachon señaló la importancia de la acción colectiva para transformar el régimen alimentario
Nuestra alimentación no depende únicamente de decisiones individuales, se ve impactada por políticas económicas, cadenas comerciales, intereses corporativos y desigualdades territoriales, aseguró la profesora de la Escuela Nacional de Ciencias de la Tierra de la UNAM, Ana Laura González Alejo.
En el Panel “Analizar y reconfigurar los paisajes alimentarios frente a la hegemonía transnacional” expuso que vivimos en un régimen alimentario empresarial, hegemónico y neoliberal que se implementó en la década de los 80 del siglo pasado, generado por la apertura comercial y el establecimiento de tratados comerciales con Estados Unidos, lo cual ocasionó el debilitamiento de las dietas tradicionales y el dominio de alimentos ultraprocesados.
Durante su presentación “Paisajes alimentarios en disputa: dieta y régimen neoliberal” añadió que, debido a este régimen, de 1999 a 2013 México ocupó el primer lugar en consumo de dicho tipo de comidas en América Latina y el cuarto a nivel mundial.
Su ingesta responde, más que a una voluntad individual, a la apertura comercial, precios relativos y la presencia cotidiana de esos productos en los entornos alimentarios, pues son más baratos, de rápida preparación y lo más accesible para una gran cantidad de hogares en el país.
La doctora en geografía por la UNAM insistió en que las transformaciones estructurales afectan la dieta. En el caso de nuestra nación, las políticas de ajuste macroeconómico y los tratados de libre comercio reorganizaron el campo y los mercados, dañaron, por ejemplo, al maíz, pues hubo debilitamiento sistemático de la agricultura local y pasamos a depender de la importación de granos subsidiados en la Unión Americana.
Al moderar el encuentro académico, el director del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, Gerardo Torres Salcido, subrayó que el diálogo formó parte de un seminario de investigación permanente sobre la gobernanza de los sistemas productivos y el desarrollo territorial, con análisis y estudios de caso en México, Chile y Argentina.
De acuerdo con el doctor en geografía por la UNAM y especialista en temas sobre la ciudad y su relación con la alimentación, Benjamín Ajuria Muñoz, vivimos un intercambio alimentario interhemisférico desigual, en el que los países del norte demandan al sur la liberalización de sus mercados y la eliminación de subsidios, pero generan prácticas de dumping, un abaratamiento artificial de los artículos provenientes de sus regiones -por debajo de los precios de producción-.
Por ejemplo, Latinoamérica concentra ocho por ciento de la población mundial, pero produce alimentos para 14 por ciento. En el caso de México, aportamos comestibles de alto valor económico y nutricional, y recibimos granos básicos, producidos de manera masiva, de baja calidad y con gran cantidad de químicos, refirió.
La globalización en el régimen alimentario corporativo también crea circuitos de producción y consumo, propicia la concentración de recursos y poder, y que grandes trasnacionales definan las tendencias en la agricultura y el consumo, además de desarrollar una cultura y forma de vida que tiende a la uniformidad con empresas mundiales.
En su oportunidad, el doctor en antropología por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social e investigador por México en la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, incorporado a la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Veracruzana, David Sébastien Monachon, planteó:
Se debe buscar romper con esa hegemonía y transformar nuestras formas de alimentarnos, a partir de la acción colectiva y el manejo ecológico de los recursos naturales, desde el ámbito de la producción hasta la circulación alternativa de los insumos. Un ejemplo puede ser la agroecología.
Para reconfigurar los paisajes alimentarios, resaltó, se requiere conocer el territorio: identificar flujos, desigualdades, actores y decisiones que organizan la alimentación. También fortalecer capacidades colectivas, es decir, apoyar la organización, infraestructura, conocimientos y trabajo necesario para sostener alternativas, así como incidir en las reglas y recursos a partir de intervenir en compras, presupuestos, regulaciones y espacios de decisión.
























































































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