Investigadoras de la UNAM revelan datos sobre el códice adivinatorio mesoamericano

12 / 07 / 2024
Se pensaba que era de la época colonial y que había sido elaborado en la región de Puebla-Tlaxcala: María Isabel Álvarez Icaza Longoria
No se detectaron materiales ni pigmentos de tradición europea, agrega
Estaba en la Biblioteca Nacional de Francia; fue sustraído por un mexicano quien lo regresó a México, donde permanecerá por 99 años
El Códice Tonalámatl de Aubin, que los mesoamericanos usaban como calendario religioso para nombrar a las personas y realizar rituales, no tiene ninguna influencia europea y podría haberse elaborado en la Cuenca de México, afirma la investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la UNAM, María Isabel Álvarez Icaza Longoria.
Estos nuevos datos sobre el origen y temporalidad del códice son importantes, pues hasta ahora se indicaba que era de la época colonial y muy probablemente provenía de Tlaxcala.
“La mayor parte de los estudiosos han considerado este manuscrito pictográfico de la época colonial, y nosotros lo hemos cuestionado. A veces tenemos prejuicios respecto a que si no tiene una técnica tan depurada es colonial y si su técnica es muy pulcra, entonces es prehispánico, indica.
“En realidad, en todos los tiempos hubo artistas o tlacuiloques -como se les conoce en náhuatl a los pintores de códices, conventos y demás expresiones pictóricas-, más o menos hábiles o elocuentes. Realmente no hay ningún indicio de influencia europea en este manuscrito”, señala la experta de la UNAM.
Estas son algunas de las conclusiones a las que llegó junto con su colega Saeko Yanagisawa, en su proyecto de investigación titulado “Tonalámatl de Aubin: nuevos estudios sobre un códice adivinatorio”, enfocados a indagar la procedencia y temporalidad del códice, y que es parte del Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica (PAPIIT IN403023) de esta casa de estudios.
Las investigadoras forman parte de un proyecto multidisciplinario e interinstitucional liderado por el investigador Guilhem Olivier, del Instituto de Investigaciones Históricas; y por el director de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, Baltasar Brito, quienes invitaron a la experta de la UNAM y a su colega Yanagisawa a trabajar un aspecto sobre este códice.
En esta iniciativa participan científicos, historiadores, historiadores del arte, arqueólogos, artistas especializados en el estudio de importantes manuscritos pictográficos.
“La doctora Yanagisawa y yo investigamos respecto a la escuela y la temporalidad de este manuscrito. Se ha dicho que proviene de Tlaxcala, pero he trabajado en otros documentos del Valle Puebla-Tlaxcala y no me parece que tenga un estilo semejante a los documentos de esa región”, asegura la doctora en Historia del Arte.
La hipótesis del origen tlaxcalteca proviene de la investigadora Carmen Aguilera y otros autores quienes han estudiado el Catálogo del Museo Indiano de Lorenzo Boturini, en el cual se habla de este códice como un calendario idolátrico.
Libro de los destinos
La especialista del IIE explica que numerosos códices mesoamericanos perdieron su nombre original y actualmente tienen el de algún coleccionista o persona que lo poseyó, tal como sucede con el Tonalámatl de Aubin, que fue vendido por dos mil francos a Joseph Alexis Aubin.
Se trata de un libro de los destinos que posee el calendario religioso ritual que en náhuatl es conocido como Tonalpohualli –compuesto de 13 numerales combinados con los 20 días del calendario mesoamericano– y era tan importante que a partir de él se daba nombre a las personas.
“Así como en la religión católica está el santoral, los antiguos nahuas, y en general los antiguos mesoamericanos, tenían su nombre por el día de su nacimiento. Podían llamarse Uno Perro, Uno Venado, Dos Caña, dependiendo de la combinación de estos dos factores: los numerales del 1 al 13 y los 20 signos del calendario”, finaliza.
























































































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