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Moda juvenil

7 may 2019
3 min de lectura

7 / 05 / 2019

Folclor urbano

Por SALVADOR ESTRADA


chavasec@yahoo.com.mx

Si se fija, en los pasajeros sentados en el Metro y en los apretujados, sobre todo en los chavos, que por su edad de 18 a 25 años, son clasificados como mllennials, visten igual a los que no pertenecen a esa tribu y son de mayor edad porque como dice el dicho “son coyotes de la misma loma”.


En efecto, todos ellos usan tenis, de diferentes marcas y precios, traen camisas o chamarras, cachucha, algunos, y se uniforman con los pantalones vaqueros o jeans y la mayoría los usa “rotos, deshilachados”, que da pena verlos tan desarrapados, pero se sienten bien porque están en la moda.


Y esa moda quién la inventó porque usar pantalones descosidos, rotos, eran los pantalones de los pobres cuyas madres los parchaban para que sus hijos acudieran a la escuela sin causar pena.


Pero lo que también los identifica es el uso del “teléfono inteligente” aparato que los tiene embelesados y que manejan con los pulgares con gran destreza y no “pelan a nadie” están metidos en su “correo”, en el watsap o jugando o viendo fotografías y casi todos con los audífonos puestos y así se llevan hasta llegar a su destino.


Y en su casa-hogar cuando comen, cenan o desayunan y están sentados a la mesa están con su teléfono inteligente, con los audífonos puestos, no platican, no “pelan” y esa actitud enfurece a los padres que les piden dialogar, pero no escuchan y solamente mueven la cabeza.


Esta historia se repite en la mayoría de los hogares capitalinos.


La tecnología silenció a las familias capitalinas.


Esta juventud, que los economistas los tienen medidos como bono demográfico, también son iguales en cuanto ideología o religión porque han perdido la fe y no creen ni en la izquierda ni en la derecha y muchos menos en la iglesia y coinciden en que se debe autorizar el uso de la mariguana.


Y eso no es todo. También están contra de los partidos políticos porque los consideran engañosos, que prometen y no cumplen, y que solamente engañan a la gente con falsas promesas y que una vez que alcanzan sus candidatos el triunfo electoral se olvidan de sus electores y ya no acuden a su distrito y su mente se nubla y no se acuerdan de sus campañas.


Los jóvenes creen que se debe aceptar la libertad de la mujer para decidir si se embarazan o no y que ella misma diga sí al aborto o no, sin que la ley la castigue.


Y además están de acuerdo, la mayoría, en que debe aprobarse el matrimonio de sexos iguales y que debe asentarse en la ley para que la sociedad no los juzgue y ese casamiento no se vea pecaminoso ni anti natura.


Los legisladores no conocen a los chavos de ahora y una diputada propuso que se vendieran las cervezas “calientes” para que los jóvenes dejaran de beber.


Craso error, porque esa medida no los afectaría tanto como a los establecimientos que expenden esa bebida, expendios que son restaurantes o locales a los que llaman ”chelerías” y que son pequeños negocios, y son muchos, que viven precisamente de la venta de “las chelas frías”.


La reunión de los chavos en esos lugares es parte de su vida, de su socialización entre hombres y mujeres, lo que les permite convivir, dialogar, discutir y encontrar coincidencias en muchos aspectos de la vida. Y entre chela y chela le entran a los alimentos chatarra, les encanta comer botanas enchiladas, papas y charritos y sopas “maruchan”.


Las chelas para la chaviza es una bebida de moda y les gusta y la disfrutan porque “su euforia es ligera” y no los aloca como pudieran ser las bebidas alcohólicas y además porque su costo es menor en comparación a la venta de “bebidas espirituosas”.


Pero la ingesta de esos alimentos, después de un tiempo les causa molestias estomacales. Muchos de ellos descubren después de consultar al doctor que tienen gastritis y al someterse al tratamiento mejoran su salud, pero vuelven a las chelas y a las botanas enchiladas al fin que ya saben como curarse.


Para ellos el futuro no está en sus planes. Viven el ahora y su momento de recreación y su placer.

La diversión entre ellos está en la música electrónica y en escuchar los arreglos de los discos jockers, que los llaman DJ (di yeis), y a veces bailan y así pasan media noche.


Para entenderlos es menester convivir y con beber con ellos y platicar y dialogar. No juzgar, sino comprender.


Su moda, beber cerveza, escuchar a los DJ y vestir como pobres deshilachados, pasará de moda. como todas las modas, pero no se sabe cuándo. Usted calcule cuántos años más.

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