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"El idilio de los volcanes"

16 abr 2018
2 min de lectura

José Santos Chocano (1875-1934)

Poema Ambiental

El Ixtlaccíhuatl traza la figura yacente

de una mujer dormida bajo el Sol.

El Popocatépetl flamea en los siglos

Como una apocalíptica visión;

Y estos dos volcanes solemnes

tienen una historia de amor,

digna de ser cantada en las compilaciones

de una extraordinaria canción.

Ixtlaccíhuatl -hace miles de años-

fue la princesa más parecida a una flor

que en la tribu de los viejos caciques

del más gentil capitán se enamoró.

El padre augustamente abrió los labios

y díjole al capitán seductor

que si tomaba un día con la cabeza

del cacique enemigo clavada en su lanzón,

encontraría preparados, a un tiempo mismo,

el festín de su triunfo y el lecho de su amor.

Y Popocatépetl fuese a la guerra

con esta esperanza en el corazón,

domó las rebeldías de las selvas obstinadas,

el motín de los riscos contra su paso vencedor,

la osadía despeñada de los torrentes,

la acenchanza de los pantanos en traición

y contra cientos y cientos de soldados,

por años gallardamente combatió.

Al fin tornó a la tribu (y la cabeza

del cacique enemigo sangraba en su lanzón).

Halló el festín del triunfo preparado,

Pero no así el lecho de su amor;

en vez de lecho encontró túmulo

en que su novia dormida bajo el sol,

esperaba en su frente el beso póstumo

de la boca que nunca en la vida besó.

Y Popocatépetl quebró en sus rodillas

el haz de las flechas y, en una sola voz,

conjuró la sombra de sus antepasados

contra la crueldad de su impasible Dios.

Era la vida suya, muy suya,

porque contra la muerte ganó,

tenía el triunfo la riqueza, el poderío,

pero no tenía el amor.

Entonces hizo que veinte mil esclavos

alzaran un gran túmulo frente al sol,

amontonó diez cumbres

en una escalinata como alucinación,

tomó en sus brazos a la mujer amada

Y el mismo sobre el túmulo la colocó;

luego encendió una antorcha para siempre

quedose en pie alumbrando el sarcófago de su dolor.

Duerme en paz Ixtlaccíhuatl, nunca los tiempos

borraran los perfiles de tu expresión.

Vela en paz, Popocatépetl, nunca los huracanes

apagarán tu antorcha, eterna con el amor.

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