Contaminación acústica, un problema por resolver

Las grandes ciudades afrontan diversos conflictos en cuanto a desarrollo urbano no sólo por el tráfico vehicular, la aglomeración de personas, desempleo o escasez de servicios; sino también por la contaminación medioambiental de la que el ruido forma parte, refiere Fausto Eduardo Rodríguez Manzo, profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco (UAM-A).
Explica que la contaminación acústica, o ruido ambiental, se define como la presencia de sonido o sonidos desagradables y perturbadores, que generan malestar y riesgo de enfermedades en la población, así como perjuicio a las condiciones normales del ambiente.
Si bien algunos podrían considerar que el ruido es subjetivo, porque el nivel de molestia para alguien, quizá no lo sea para otros y viceversa; existe cierta convención del tipo de sonidos catalogados como ruido.
Por ejemplo, estruendos electromecánicos o electrónicos, es decir altos sonidos emanados de máquinas, motores o aparatos sobre los que desafortunadamente no existe control ni regulación alguna”, manifiesta el también coordinador del Laboratorio de Análisis y Diseño Acústico (Ladac) de la UAM-A.
Pese a que en México aún no existe el nivel de consciencia, ni en las autoridades ni en los ciudadanos, para la regulación adecuada del ruido; las afectaciones por ruido, directas e indirectas, son graves tanto física como psicológicamente.
La contaminación acústica, sin duda, constituye una preocupación ambiental y urbana, pero a su vez un problema de salud pública cuyo malestar causa daño.
Empero, en el país no existe ninguna normativa de salud al respecto para su solución.
Es fundamental la participación de la comunidad, la academia y las autoridades, en virtud de que, ante la Procuraduría Ambiental y de Ordenamiento Territorial (PAOT) de la Ciudad de México, desde hace 13 años, el ruido ocupa la segunda posición con más denuncias ciudadanas de carácter medioambiental, afirma Rodríguez Manzo quien es doctor en diseño bioclimático con especialidad en confort acústico y miembro nivel I del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Además de la desazón, pérdida paulatina de la audición o daño auditivo por vía directa —sea a causa de un balazo, explosión, trueno, cuete, etcétera— otros aspectos que ocasiona la exposición al ruido, ya sean impulsivos o a sonidos constantes, son: tinnitus o acufeno (sonido anormal no producido por ningún estímulo externo pero presente en los oídos), perturbación del sueño o insomnio y en consecuencia falta de concentración, productividad; fatiga, dolor de cabeza y estrés, lo que incluso puede derivar en enfermedades cardiovasculares.
Las molestias se presentan aun y cuando no necesariamente sean niveles sonoros elevados; como el del refrigerador o el del contenedor térmico para garrafones de agua, la música, el tráfico, los aviones, motocicletas, cláxones, bocinas, entre otros.
El estrés dispara reacciones fisiológicas que tienen que ver con el sistema nervioso autónomo y el sistema endocrino. Cuando se experimenta tranquilidad hay cierto tipo de hormonas, pero al estar bajo tensión, el cuerpo genera otras sustancias que al acumularse representan factores de riesgo relacionados con presión sanguínea, pulso cardiaco, glucosa, lípidos, coagulación, etcétera, pudiendo dar como resultado enfermedades del corazón. El ruido ambiental por lo tanto está asociado a infartos al miocardio, empero es un proceso acumulativo, no ocurre inmediatamente. Asimismo, el exceso de ruido puede propiciar desorden mental y la neurosis es otro aspecto que tiene que ver, además de con aspectos emocionales, con un estrés excesivo.
Algunos autores han documentando que la neurosis causada por ruido puede llegar al extremo de asesinatos o suicidios. De manera que el ruido en escuelas, hogares y lugares de trabajo afecta el desarrollo emocional de la gente pues la calidad de vida también depende del ambiente sonoro, pero no sólo de los niveles, sino de los tipos de sonidos que se perciben, indica el doctor Rodríguez Manzo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un estudio sobre la pérdida de años de vida saludable en Europa a causa del ruido ambiental, donde evidencia la contaminación acústica como un problema serio de salud pública y emite alertas a nivel internacional que en México no han hecho el eco necesario.
Para el doctor Fausto Rodríguez, el ruido podría considerarse el contaminante más peligroso, porque la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) con sus más de 20 millones de habitantes y cinco millones de vehículos registrados —potencialmente en circulación—, aunado a la cantidad de actividades sonoras diarias; hacen a la Ciudad de México presa fácil de contaminación acústica, en perjuicio de sus habitantes que están en todo momento expuestos a ella.
“Amén de ello, los animales igualmente sufren, el canto de los pájaros, esencial para ellos porque es la manera en la que se comunican, cambia o hasta desaparece a causa del ruido".
En la Ciudad de México hay muchas escuelas rodeadas de vialidades de alta velocidad y tomar clase bajo condiciones de ruido puede tener como consecuencia falta de concentración y discapacidad cognitiva; impactando en el grado de aprendizaje, la memoria y el rendimiento académico, asevera el doctor en psicología, Cesáreo Estrada Rodríguez, académico de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y especialista en problemas de ruido ambiental en hospitales y escuelas.
“El impacto es considerable debido a la falta de planeación urbana, es decir a la ubicación física de las escuelas, situadas en vías primarias, cerca del aeropuerto o rodeadas de actividades comerciales”. Estrada Rodríguez hace referencia al estudio “El ruido y el cerebro” (Noise and the Brain, 2014), donde se documenta que para entender el habla en situaciones de ruido, el cerebro tiene que sobreactivarse y movilizar diversas partes. No aprovechar al máximo la información auditiva crea un déficit en el desarrollo cognitivo y por lo tanto se hace necesario un periodo más largo para el aprendizaje.
“Una probable explicación, desde la neurociencia, es que tanto la palabra o el discurso como el ruido ambiental, actúan en el plano o surco temporal superior del hemisferio izquierdo, por ello los mayores efectos de una mala acústica en los salones de clase lo resienten sobre todo los niños más pequeños”. En opinión del doctor Cesáreo Estada, es preciso sensibilizar a la opinión pública y bajo un enfoque multidisciplinar tener una visión sistémica o integral del ruido ambiental.
























































































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