La Ciudad de México, la asamblea constituyente y la constitución

El 15 de septiembre, como lo señala la ley de la Reforma Política de la Ciudad de México, el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, entrega a la Asamblea Constituyente el Proyecto de Constitución. Es importante tener presente que desde su origen la Asamblea Constituyente fue cuestionada por su forma, ya por el procedimiento de designación de 40 diputados, para acotar su capacidad de decisión y por control, así como por los 60 diputados electos por la manera en que se hizo y la baja participación ciudadana, lo que implícitamente en uno y otro caso pone entredicho la dimensión de legitimidad.
Efectivamente la Asamblea Constituyente recibe el proyecto en una aparatosa instalación –que incluyó a la designación de la mesa para conducir ese acto- y luego, en su carácter constituyente soberano, fundacional, le cuesta trabajo empezar a caminar, ya que sin un marco normativo para regular su actuación, que defina como debe abordar los trabajos, las discusiones y lo más importante como tomará decisiones, lleva a consumir días a un mes para darse esa base.
El haber sido designados o electos, como señala la ley, imperfecta ya se señala, le dará la autoridad para tomar decisiones y determinar, o será necesario considerar desde ahora un procedimiento que le permita tener el reconocimiento, legitimidad, y con ello autoridad para ser cumplida y hacerla cumplir. Se tiene también a cruzar la posibilidad de contradicción e ir a disputas de inconstitucionalidad.
Recodamos que el principal actor a hacer una constitución, sin más ni menos, es el pueblo. Como contrato social en ella se definen derechos y obligaciones, pero también sentido de propiedad. Aceptamos, como mecanismo, que en este momento nos guiamos por una democracia representativa, lo que no da autorización a que unos hagan lo que se les dé en gana por todos.
Así como ha sido cuestionado el ejercicio de la democracia que no solo es el acto de votar, sino el proceso en que el ciudadano debe de tener capacidad de decisión en todo momento, incluido el reclamar cumplimientos o de oponerse ante leyes injustas.
Sin ocio se debe tener también en clara la ruta de la reforma, la que debe entenderse como un proceso progresivo de cambios, forma que se diferencia de un cambio brusco o violento, como revolución, sin dejar de ver también que la situación nueva a que se ingresa es y se da por la correlación de fuerzas.
Con toda responsabilidad, al respecto debe señalarse que la Asamblea Constituyente recibe un proyecto de constitución, con el que se abre el debate, que es en sí un documento histórico, pero que como toda obra humana es perfectible. Sin dejar de mencionar que el aporte de las dos comisiones (redactora y asesora) presentan un documento que sino perfecto es base importante que lleva en sí mismo una síntesis de planteamientos y propuestas, al que por supuesto se le puede perfeccionar o se debe reconocer forma y procedimiento para llegar a un nuevo planteamiento o conclusión.
El proceso apenas ingresa a la verdadera etapa de reforma, aún cuando ya se han operado una serie de cambios que van del nombre de la entidad a debatir el papel de los actuales órganos de gobierno, uno de ellos la Asamblea Legislativa y las prácticas en que hoy se desenvuelve.
En este proceso se deberá partir de la base y proyecto señalado, llamando también a proponer cambios, a ir a transformaciones de fondo buscando consenso, a pedir pero también ceder, como esencia del parlamentarismo, sin la angustia que no quede el enunciado tal cual, esa es la bandera de lucha política ideológica del día siguiente, ya que suponemos que no dejaremos de luchar.
Al momento con todo y por todo, debemos ver que hay una Asamblea Constituyente con una correlación de fuerzas concreta y que merece la crítica, el que se definiera su reglamento interno para instalar las comisiones que deberán resolver discusiones y elaborar dictamen para llevar a pleno; que hay un ánimo de abrir el debate en que cada cual tendrá derecho y obligación de defender o criticar propuestas.
Más advertimos que hay actores, fuerzas y propuestas a las que aún no se les ha dado espacio y que llevan también un contenido de transformación, aun cuando se les marque sean de atrevimiento, a lo que debe recordarse que en el constituyente del 17 algunos enloquecieron al escuchar el planteamiento de establecer la jornada laboral de ocho horas por decir un ejemplo; seguramente a otros les pasara lo mismo cuando escuchen las propuestas de renta básica y trabajo garantizado que se orientan también en la necesidad de una nueva economía.
Va. La discusión, después de un mes, apenas va a empezar; estos diputados constituyentes también traen manchas en la piel del ejercicio de la forma de política que no nos gusta y no queremos, y cómo no, cuando un buen número viene de las escuelas en donde se hace así, los partidos políticos tradicionales de un sistema presidencialista autoritario.
Unos pocos diputados constituyentes están aún sin maldad, aunque ya algunos, tres al momento, empiezan a renunciar, son las primeras bajas del constituyente, que entren sus suplentes.
























































































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