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FUNDAMENTAL CONOCER EL SUELO PARA ESTABLECER ESTRATEGIAS EN SU MANEJO Y CONSERVACIÓN

5 jun 2016
3 min de lectura


[if !supportLists]· [endif]Gran parte del territorio del país sufre algún tipo de impacto antropogénico y no se tienen planes de desarrollo o políticas de manejo de ese recurso


La diversidad de México también está en los suelos, sin embargo, gran parte del territorio ha sufrido algún tipo de impacto antropogénico y, por desgracia, no hay planes de desarrollo o políticas de manejo de ese recurso. “No tenemos una estrategia nacional para su conservación, ni su uso está basado en su aptitud”, afirma Pilar Ortega, del Instituto de Geología (IGL) de la UNAM.


En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, y que este año tiene como tema la lucha contra el comercio ilícito de fauna y flora silvestres, señala que muchos ecosistemas han sido degradados: Con la erosión, la pérdida o la transformación del suelo, grandes extensiones han quedado fragmentadas, y muchas de las funciones que tienen en los entornos “están siendo ‘selladas’ por la urbanización”.


“Si desconocemos este recurso, si no lo valoramos, mucho menos podemos contar con estrategias y planeación. Por eso es importante identificar los usos potenciales de los diferentes tipos que existen para darles un manejo correcto, remarca la experta, quien recuerda que los suelos cumplen diferentes funciones ecológicas: conservar, promover y sostener a todos los ecosistemas, es decir, a la biodiversidad del planeta”, expresa.


Además, menciona la académica, son un reservorio de carbono a largo plazo, permiten que se lleve a cabo el ciclaje de nutrimentos en los llamados ciclos biogeoquímicos, tienen funciones de infiltración –permiten la recarga del manto acuífero–, e impiden la erosión masiva a través de la vegetación.


De forma adicional, contribuyen a la limpieza del aire mediante la actividad de los microorganismos que los habitan y la captura de elementos químicos en la materia orgánica.


Desde el punto de vista antropogénico, aclara Pilar Ortega, algunos son aptos para la agricultura y otros para conservar los bosques. Así como los organismos evolucionan, hay suelos muy maduros que han sufrido un proceso de pedogénesis –formación– a lo largo de mucho tiempo, y que son un buen reservorio de carbono y de nutrimentos. En contraste, hay otros muy jóvenes y vulnerables al manejo.


Cuando se permite el cambio de uso, se vuelven frágiles (si no tienen las aptitudes para desempeñar su nueva función) e inmediatamente se degradan. “Algunos son capaces de sostener un ecosistema diverso, pero al transformarlos al uso agrícola pierden su fertilidad al permitir dos o tres cosechas de maíz, por ejemplo, y ser abandonados a acahuales (yerba alta y de tallo grueso)”.


La situación en México es preocupante, reflexiona la especialista, y reconoce que en el país los suelos están localizados, referenciados, mapeados y ubicados, y taxonómicamente descritos, “pero eso no implica que se hayan generado mapas de aptitud y de manejo. Aún existe mucho por hacer y el primer paso es su valoración”.

La experta del IGL detalla que los suelos tienen un gran potencial de recuperación, llamado resiliencia; empero, algunos son muy frágiles y si son perturbados no se recuperarán. Por ejemplo, los que se urbanizan están prácticamente perdidos, junto con sus funciones ecológicas.


Otro problema ocurre en los llamados rellenos sanitarios, que son terrenos donde se deposita basura, saturados de contaminantes que, tarde o temprano, alcanzan al manto freático.


Al respecto, la científica dice que no se tiene el conocimiento certero del porcentaje de suelos mexicanos impactados por actividad antropogénica, sobre todo, por la velocidad del daño. Se sabe cuáles áreas eran forestales y ya no lo son, “pero el fenómeno avanza tan rápido y en tantos lugares, que se debería mapear constantemente”.


Con los sistemas de información geográfica y con herramientas de tipo satelital se ha logrado un gran avance para reconocer e identificar zonas de conservación prioritarias, pero no es suficiente para hacer frente a la velocidad de la degradación, expuso.


Pilar Ortega asegura que sí hay posibilidad de remediar esta situación: primero, se requiere saber cuál fue el disturbio antropogénico o proceso de degradación, como la saturación por partículas contaminantes, altas concentraciones de metales o derrames petroleros. Además, el grado o intensidad del impacto y la extensión, para luego llevar acabo mecanismos de restauración ecológica y edafológica.

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