Estamos en la era de un capitalismo decadente, en el final de un sistema, sin haber diseñado el sigu

Economía social y solidaria /4
En mi pasada colaboración, enumeré sucintamente, con base en una “Cronología de la economía solidaria” de la Universidad Cooperativa de Colombia, un conjunto de valores y aspiraciones sociales determinantes o que influyeron en el desarrollo de los pueblos durante los últimos veinticinco siglos.
En tanto unos pensadores destacaban la presencia de valores como el de la ayuda mutua, la solidaridad y los principios de igualdad y democracia en el desarrollo de las sociedades, otros hablaban de la búsqueda de sociedades autárquicas (autosuficientes), de la exaltación del trabajo, sin finalidades de lucro, con una vida elemental y sin propiedad privada, que buscaban la felicidad para derivar durante el siglo XVIII (el de las luces) en formas de organización social como las mutualidades, los sindicatos y las cooperativas, formas éstas últimas existentes aún en nuestros días. Vale la pena destacar que ese movimiento social y económico ha rebasado en mucho el tiempo de vida del capitalismo aparecido al sustituir al feudalismo durante el siglo XVI en Inglaterra como un orden económico que postula el usufructo de la propiedad privada y del capital, el consumismo y la acumulación ilimitada de la riqueza en unos cuantos, sin importar el descuido de la naturaleza, el del medio ambiente y la exclusión social. Un capitalismo decadente
Hoy, como todo, después de casi cinco siglos, parece que el capitalismo ha entrado en un proceso de extinción. Su decadencia es evidente. Hay indicios de ello. En mi Economía Social y Solidaria /2, cité el Informe OXFAM (21 de enero de 2014) que expresa claramente las consecuencias para nuestro planeta de “Gobernar [sólo] para las élites” [el corchete es mío] y las implicaciones de hechos como el secuestro de la democracia por esas élites, la acumulación de la riqueza, el desempleo generado por el capitalismo salvaje y la terrible desigualdad social y económica (lector: no se le hace esto familiar) ocasionada por ese proceder.
No lo dice sólo el informe OXFAM
Si mal no recuerdo, el ex rector de la UNAM, doctor Pablo González Casanova advirtió hace unos quince años (eran los finales de los mil novecientos noventa) sobre la llegada del capitalismo a la decrepitud. Entonces dijo, palabras más palabras menos: “Entramos al final de un sistema sin haber diseñado el siguiente”.
En agosto de 2013 (La Jornada 8 de Agosto de 2013), con motivo de un homenaje que el STUNAM le rindiera, en su disertación intitulada La sociedad del conocimiento y el desconocimiento en América Latina, don Pablo advirtió que “en el panorama mundial, la justicia, la democracia, la paz y los derechos humanos están derogados y negados para la mayoría de la humanidad, sin esperanza o proyecto de que la civilización, el progreso y el desarrollo signifiquen una alternativa para resolver los problemas”.
Y entre otras de sus conclusiones de científico social, afirmó: “La crisis actual del capitalismo no es una [crisis] más, no es cíclica ni de larga duración, sino que se trata de una crisis terminal, ante la imposibilidad de ese modelo de continuar dominando el mundo sin acabar con él”… “hoy el desarrollo científico y tecnológico está guiado por la lógica de la acumulación del capital, a costa no sólo de la explotación de la mayoría de la humanidad, sino del desempleo creciente”…“frente a esta realidad se levanta el proyecto emancipador más rico en la historia de la humanidad, en el cual se vincula la participación de los ciudadanos y las comunidades en la toma de decisiones, y la idea de que el interés social es primordial y debe prevalecer en las determinaciones que tomen las comunidades de las naciones y del mundo".
Sin que don Pablo vinculara sus conceptos con el cooperativismo, "los cooperativistas de hoy sabemos que el cooperativismo es una corriente cada vez más presente y más difundida en la vida colectiva".
Según la Alianza Cooperativa Internacional, máximo órgano de representación mundial de esa corriente, en unos cuantos años (tal vez tres o cuatro) el número de cooperativistas en el mundo ha aumentado de ochocientos a mil millones de personas.
Hay razones para ello: al secuestro de la democracia por las élites, el cooperativismo lo rescató oficialmente para sí mismo desde el siglo XIX. La máxima cooperativista de “un socio, un voto” no es más que la regla para habituarnos éticamente en el compromiso de involucrarnos en la participación (democracia participativa) y en la toma, también democrática, de las decisiones en el proyecto económico significado por la empresa cooperativa.
Ese solo hecho implica poseer un conjunto inapreciable de valores y principios que se aprenden en la cooperativa y teóricamente son difundidos por los cooperativistas en el seno familiar y en la comunidad. En la cooperativa, se aprende a cooperar, es decir, a trabajar conjuntamente con otros en alcance de una finalidad común de índole económica, social y/o cultural.
Asimismo, en la cooperativa, se aprende a respetar a los demás: esto es, a considerar e nuestros semejantes y comprender que “cada cabeza es un mundo”; más profundamente: a reconocer tanto la libertad de pensar, decir y opinar de cada cual, como la pluralidad de las ideas y a condescender con ellas.
En la cooperativa, se aprende a convivir y socializar pacífica y cívicamente con nuestros semejantes, a respetar sus ideas, creencias o prácticas cuando son diferentes o contrarias a las nuestras; en suma se aprende a ser ciudadano. Y de ahí, derive lector, que en el flujo de la información para la toma de decisiones es imperativa la honestidad de todos, la veracidad y la transparencia en la rendición de cuentas, pues de otra manera las decisiones se tomarían sobre bases falsas y se daría al traste a la cooperativa.
A todo esto habría que agregar principios y valores como el de ser equitativo, disciplinado, justo, moderado, compartido, con buena disposición del ánimo para la ayuda mutua, la solidaridad, la responsabilidad, la honestidad, por buscar el desarrollo humano y el bien común de la sociedad.
Nadie lo dude: "Las empresas cooperativas ayudan a construir un mundo mejor". La economía social y solidaria tiene el potencial de ser una alternativa humana a la economía capitalista salvaje.
Por ello ha dado luz a otras denominaciones como la de ser un tercer sector, tercer sector solidario, sector voluntario, sector no lucrativo, economía solidaria, iniciativa social y otras locuciones que designan realidades muy próximas.
En la actualidad ya es posible considerar la posibilidad de “las concepciones de una realidad social que pugnan por una economía plural… en pro de un desarrollo social y económico colectivo no excluyente”.
Para hacer esto realidad, debemos organizarnos y nutrirnos de mucha educación cooperativa. Nuestro reconocimiento a don Pablo González Casanova, investigador y profesor eméritos de la Universidad Nacional Autónoma de México, por ser un ilustre pensador, digno de toda mi admiración y respeto. La verdad, él siempre ha sido así.
A don Luis Villoro Toranzo, in memóriam
*Presidente del Consejo de Administración del Instituto de Investigación, Innovación y Desarrollo Cooperativo, SC de RL de CV. Integración de cadenas productivas y de servicios. armando.palacios1412@gmail.com
























































































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