América Latina y el Caribe debe apropiarse de la inteligencia artificial para generar valor económico y social

20 / 10 / 2026
La cuarta edición del Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA 2026), elaborado por la CEPAL y el CENIA de Chile, muestra que la conectividad sigue siendo indispensable, pero ya no es suficiente: las mayores brechas de la región están en la capacidad de cómputo, en la adopción de la IA en las empresas y en la implementación de las estrategias nacionales.
En un escenario internacional en el que las capacidades tecnológicas adquieren un peso creciente para la competitividad y el desarrollo, América Latina y el Caribe necesita avanzar en la apropiación de la inteligencia artificial para abordar sus principales desafíos, en especial las trampas de baja capacidad para crecer; de alta desigualdad, baja movilidad social y débil cohesión social; y de débiles capacidades institucionales y gobernanza poco efectiva.
No basta con ampliar el acceso a estas tecnologías: también es necesario conectar infraestructura, datos, talento, investigación y capacidades institucionales para traducirlas en innovación, productividad y valor económico y social.
Con ese propósito, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile (CENIA), con el apoyo del proyecto Alianza Digital UE–ALC, presentaron este martes, en Santiago, la cuarta edición del Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA 2026).
El informe examina los ecosistemas de IA de 20 países de América Latina y el Caribe e incorpora por primera vez una comparación con Alemania, España, Estonia, Portugal y Singapur, a partir de un conjunto seleccionado de indicadores.
Desde su primera edición, el ILIA se ha consolidado como un instrumento de referencia para analizar las capacidades y brechas de los ecosistemas de inteligencia artificial de la región. Su marco metodológico permite comparar distintas realidades nacionales y aportar evidencia para definir prioridades y orientar políticas públicas acordes con las condiciones y necesidades de cada país.
“Para América Latina y el Caribe, la cuestión no es solamente cómo acceder a estas tecnologías, sino cómo utilizarlas estratégicamente para abordar nuestros principales desafíos de desarrollo. Una incorporación pasiva no solo puede profundizar dependencias, sino incluso ampliar las brechas y desigualdades existentes en la región”, señaló José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la CEPAL, en la sesión de apertura.
El informe identifica ámbitos donde la escala nacional resulta insuficiente, como el cómputo, la investigación, el talento avanzado y la participación en estándares internacionales.
Ximena Lincolao, ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile, destacó el trabajo mancomunado de CENIA y la CEPAL para la construcción y consolidación del ILIA, agradeciendo también a los diversos patrocinadores de la iniciativa.
“El ILIA no es una competencia, es una evaluación de la que todos podemos aprender”, enfatizó Lincolao, asegurando que Chile tiene conciencia de la importancia de liderar desde el Gobierno el uso de la inteligencia artificial, no solo porque es una herramienta valiosa, sino también para que ese uso se traduzca en mejores servicios a las personas.
Claudia Gintersdorfer, embajadora de la Unión Europea (UE) en Chile y representante ante la CEPAL, resaltó que “el ILIA es una herramienta especialmente valiosa no solo porque cada año nos entrega evidencia concreta para orientar políticas públicas y fortalecer capacidades, sino porque nos permite hablar con un lenguaje común basado en datos, en metodología compartida y en una visión regional en un momento en que esa conversación es más necesaria que nunca”.
Por su parte, el director de CENIA, Álvaro Soto, coincidió en que “el ILIA se ha transformado en una herramienta fundamental para la toma de decisiones en nuestra región” y alertó que estamos ante una “revolución de la computarización de nuestra sociedad”.
“Instrumentos como el ILIA, indicó, ya no son una necesidad, son una urgencia, porque las decisiones que tomemos hoy día son fundamentales y la colaboración es más que el camino, es la forma, especialmente en América Latina y el Caribe”.
Apropiarse de la inteligencia artificial para abordar principales desafíos
Los resultados muestran que no existe una única trayectoria para desarrollar capacidades avanzadas de inteligencia artificial. Así lo reflejan las diferencias entre Brasil, Chile y Uruguay, los tres países que se sitúan en el grupo de pioneros, con más de 60 puntos, pese a sus distintas estructuras económicas.
A continuación, se sitúan los adoptantes, un grupo integrado por diez países con puntuaciones de entre 35 y 60 puntos, entre ellos Colombia, Costa Rica y Argentina. Los siete países restantes se clasifican como exploradores, con menos de 35 puntos.
Las diferencias entre países refuerzan la importancia de definir prioridades de política pública acordes con sus capacidades y condiciones productivas, y con los principales desafíos de desarrollo que enfrentan, de manera que se vinculen las inversiones en infraestructura, formación e investigación con la innovación y la generación de valor.
Las brechas entre las estrategias y su implementación
La evidencia del ILIA 2026 muestra avances en la construcción de marcos institucionales para el desarrollo de la inteligencia artificial, aunque persisten dificultades para llevarlos a la práctica.
El 85% de los países analizados cuenta con una estrategia nacional de IA vigente o en elaboración, y el 75% dispone de una institución formalmente encargada de liderar esta agenda. Sin embargo, solo Brasil y Colombia cuentan con presupuestos explícitamente asignados en sus instrumentos nacionales.
Las diferencias también se observan en la infraestructura de cómputo. Brasil concentra el 87,7% de las unidades de procesamiento gráfico (GPU) y el 92% de la capacidad de procesamiento regional consideradas en el estudio. Esta distribución pone de relieve las asimetrías que condicionan el desarrollo de los ecosistemas de IA y las limitaciones de escala que afrontan otros países.
En investigación y formación, el 65% de los países dispone de centros de investigación especializados, más de la mitad ha incorporado la inteligencia artificial en el currículo escolar y los 20 países analizados cuentan con programas de posgrado. Pese a estos avances, la disponibilidad de habilidades especializadas en el mercado laboral sigue siendo reducida.
En el ámbito empresarial, las diferencias según el tamaño de las compañías son especialmente visibles. Las estimaciones del informe sitúan la adopción de inteligencia artificial en el 27,6% de las grandes empresas, frente al 12,8% de las medianas y el 6,8% de las pequeñas.
Cooperación regional para ampliar las capacidades
El desarrollo de la inteligencia artificial también evidencia ámbitos en los que la escala nacional puede resultar insuficiente. El cómputo, la investigación, el talento avanzado y la participación en estándares internacionales son algunos de los campos en los que la cooperación entre países puede permitir aprovechar recursos, compartir capacidades y generar sinergias.
En esa misma línea, el secretario Ejecutivo de la CEPAL subrayó que “la Agenda Digital para América Latina y el Caribe (eLAC) —que hoy en día trabaja en un sinnúmero de esfuerzos en materia de conocimiento y monitoreo, herramientas y asistencia técnica, y diálogo de políticas— ofrece una plataforma para articular esta cooperación y fortalecer la participación regional en la gobernanza internacional de la IA”.
En este contexto, el ILIA 2026 aporta una base de evidencia para que los gobiernos evalúen sus avances, identifiquen prioridades y fortalezcan sus estrategias de desarrollo de la inteligencia artificial. Su contribución consiste en ofrecer una visión comparada de los ecosistemas nacionales y de las condiciones necesarias para conectar las capacidades tecnológicas con la transformación productiva.
El objetivo es que la inteligencia artificial no se limite a una tecnología que la región incorpora, sino que contribuya a ampliar sus posibilidades de innovación, productividad e inclusión, en función de las prioridades de desarrollo de América Latina y el Caribe.























































































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