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RELOJES CUCÚ DE LA SELVA NEGRA



Los relojes cucú tradicionalmente son accionados por un movimiento de péndulo. Al marcar una hora exacta, un ave sale de la caja del reloj y hace un “sonido cucú”. El número de veces que el ave emerge y hace una llamada denota la hora del día. Los relojes cucú originales Selva Negra* vienen de las regiones Triburg y Titisee Neustadt de la Selva Negra, al suroeste de Alemania. Su historia nunca se ha establecido con claridad, aunque la relojería comenzó aquí en el siglo XVIII.


En Alemania y Suiza se fabrican los tradicionales relojes cucú donde existen pequeñas y medianas empresas que elaboran relojes, o algunos componentes del mismo. La mayoría de estas empresas artesanales están situadas en la Selva Negra*.


Los relojes Selva Negra son impulsados ​​por pesos mecánicos debajo del reloj. Los pesos deben levantarse de vez en cuando. Hay movimientos de un día y de ocho días, lo que significa que los relojes deben detenerse después de uno y ocho días, respectivamente.


Los fabricantes del reloj cucú Selva Negra son Rombach y Haas, Hubert Herr, Anton Schneider, Hones, Hekas y Trenkle Uhren. Todos son miembros de la Asociación de relojes Selva Negra (VDS, por sus iniciales en alemán). Estos fabricantes estampan su nombre y un número de serie en la parte posterior de cada reloj. El VDS emite un certificado de autenticidad para cada reloj que se incluye con cualquier compra. Los números de serie son rastreables con los fabricantes y la VDS. Sólo los relojes originales Selva Negra poseen un certificado VDS.


Escucha el sonido. Los verdaderos relojes Selva Negra generan el sonido “cucú” de forma mecánica, no por vía electrónica, a partir de dos fuelles o cámaras de aire en el interior del reloj. El aire se saca de los fuelles y crea el sonido como si alguien soplara a través de un silbato de madera. Una campana electrónica en un reloj falso tiene una nota clara y nítida. Algunos relojes Selva Negra también tocan música tradicional a la hora, por ejemplo, "Edelweiss" o "The Happy Wanderer", que también suenan como si soplaran a través de un silbato de madera.


Observa el movimiento del cucú y de otras figuras. Muchos de estos relojes mueven sus alas de forma mecánica ya que saltan del reloj. Los relojes Selva Negra de Anton Schneider son famosos por sus figuras de baile colocadas bajo el cucú.


Todavía no han sido esclarecidos los orígenes del reloj cucú: dónde, cuándo y quién lo inventó. Los primeros relojes cucú de la Selva Negra fueron elaborados entre 1740 y 1750 en pequeños talleres que hacían la maquinaria de madera. Es difícil saber el porcentaje de relojes fabricados, pero a juzgar por los escasos ejemplares que han perdurado, debieron ser una pequeña cantidad.


Respecto a su procedencia hay dos relatos escritos por los dos primeros cronistas de la historia relojera de la Selva Negra que proporcionan datos contradictorios acerca de su origen:

El primero es del Padre Franz Steyrer, que en 1796 en su “Historia de la industria relojera de la Selva Negra” describe un encuentro entre dos vendedores de relojes de Furtwangen (Selva Negra), los cuales mientras viajaban conocieron a otro comerciante de Bohemia que vendía relojes de madera. Los dos artesanos de Furtwaes les gustó tanto al verlo que compraron uno. Al traerlo a casa lo imitaron y mostraron el resultado a otros comerciantes de relojes de la Selva Negra. Respecto a esta crónica, el historiador Adolf Kistner afirmaba en su libro “El reloj de la Selva Negra”, publicado en 1927, que no existe ningún reloj cucú hecho en Bohemia que justifique la tesis de que este reloj sirviera de modelo para los de la Selva Negra. Bohemia no contaba con una industria relojera importante en aquella época.


El segundo también está relatado por otro sacerdote, Markus Fidelis Jäck, en un pasaje de su “Descripción de la Industria y Comercio de la Selva Negra”, de 1810, quien comenta lo siguiente; “El reloj fue inventado (en 1730) por un maestro-relojero (Franz Anton Ketterer) de Schönwald (Selva Negra). Este artesano adornó el reloj con un pájaro móvil que anunciaba la hora con el canto del cucú.” Con el paso del tiempo la segunda versión se hizo más popular y es generalmente la que se cuenta hoy.


La leyenda que asegura que el reloj cucú fue inventado por un relojero de la Selva Negra (Franz Anton Ketterer) en 1730 es repetida una y otra vez, pero no es cierta. El reloj de cucú es mucho más antiguo que la industria relojera de la Selva Negra. Ya en 1650 el ave con su inconfundible canto formaba parte de los libros de consulta de la época. Tuvo que pasar casi un siglo para que el reloj comenzara a fabricarse en la Selva Negra, donde ha permanecido hasta la actualidad como uno de sus productos más vendidos.


Durante la época victoriana hasta los años 20, los burgueses comenzaron a comprar relojes con cajas de estilo gótico, renacentista, barroco, neoclásico, biedermeier (algunos modelos también incluían la pintura de una persona o animal con ojos que se movían de un lado a otro), modernista, etc.


Habría que esperar hasta diciembre de 1854 cuando Johann Baptist Beha, el fabricante más conocido de relojes cucú de su época, vendió dos ejemplares con pinturas al óleo en el frontal al comerciante Gordian Hettich de Furtwangen, descritos ambos como Bahnhöfle Uhren (relojes “estación de ferrocarril”). Más de un año después, el 20 de enero de 1856, otro respetado artesano de Furtwangen, Theodor Ketterer, vendió uno a Joseph Ruff de Glasgow (Escocia, Reino Unido).


El reloj cucú triunfó y se hizo mundialmente famoso después de que Friedrich Eisenlohr presentase en 1850 el diseño “Bahnhäusle” al concurso de la Escuela de Relojeros de Furtwangen.


Aún hoy sigue siendo uno de los recuerdos preferidos por los turistas que visitan Alemania, Austria o Suiza.

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