Negocios de excepción

04 / 02 / 2020 

 

 

Folclor urbano

 

 

Por SALVADOR ESTRADA

 

 

chavasec@yahoo.com.mx

Los restaurantes-bares y cantinas en la ciudad de México se han incrementado porque se han convertido en un buen negocio para sus propietarios que con el “gancho de botana/comida gratis” las bebidas las venden demasiado caras.

 

Un caso es el “güiski” JB que en las tiendas o supermercado se vende la botella en 230 pesos, en esos lugares la copa o el trago cuesta 130 o 150 pesos, y de una botella “salen diez copas”.

 

Pero para degustar la botana, que ya no es botana, sino una comida corrida, con varios platillos a escoger, el cliente debe consumir tres tragos de la bebida que tome y si hace cuentas pagaría 390 pesos por su “botana gratis”, más su propina del diez por ciento, casi 40 pesos extras, más 20 pesos del “garrotero”, ayudante del mesero, quien le sirve la comida.

 

El cliente pagaría por sus tres tragos y su comida 450 pesos, lo cual es un buen negocio para el propietario, quien además paga a sus meseros o meseras un mini salario fuera de la ley de dos mil pesos mensuales y “la propina” les a completa su salario”.

 

Las autoridades laborales deben de ver con atención esa explotación que viven los empleados de cantinas y restaurantes/bares para que paguen el salario mínimo que fija la Ley Federal del Trabajo y además que les den prestaciones sociales.

 

Y, debe terminar con la propina y cargar un tanto por ciento como servicio en la cuenta total y repartirlo entre sus trabajadores, como se acostumbra en algunos países.

 

Pero en esta Ciudad de México, hay negocios de excepción. Un restaurante en la alcaldía de Azcapotzalco, “tiene prohibido a sus meseros o meseras” recibir o pedir propina. El dueño decidió aumentar un poco el precio en los platillos y con ese excedente reunido repartirlo entre sus empleados.

 

El restaurante se llama Azkatl y los meseros están contentos con esa medida porque no pelean “mesas” o clientes y saben que todos tendrán recompensa, que su labor además de servir es agradar al cliente con sus atenciones porque así el comensal regresará.

 

Bueno, además de este restaurante que beneficia a los comensales y los hace clientes, surge en la Alcaldía Cuauhtémoc otro negocio de excepción. Un restaurante-bar que tiene los precios más bajos de todas las cantinas, restaurantes bares de la gran ciudad.

 

Los parroquianos veían la carta y como que no creían los precios fijados para bebidas y alimentos. ¡todos 20 pesos! Así es ¡20 pesos! “Es la por la inauguración”, decían y le preguntaban al mesero si los chilaquiles con arrachera costaban 20 pesos lo mismo que el “güiski”. ¡Todas las bebidas y comidas cuestan 20 pesos!

 

Algo está pasando en la gran Ciudad México que un establecimiento prohíbe las propinas y en otro abarata precios “a su mínima expresión” y esto nunca se había visto. ¿Es el milagro de los años veinte?

 

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